NOTICIAS

Ya está disponible en el blog del autor la entrevista con vuestras preguntas y sus respuestas realizada con motivo de la edición en papel de la segunda parte de Diario de un feo recién divorciado.


viernes 3 de julio de 2009

Entre mujeres

Querido maldito diario, ésta ha sido una de las peores mañanas de mi vida. Para empezar, Lola Rosa Pastelito, la terrible amiga de Lolo, ha aparecido por la empresa para "visitar" a su tío. Naturalmente, ha sido su forma de amenazarme, con su presencia, afianzando su posición de superioridad familiar y mi supuestamente despreciable actitud hacia ella. Yo la he visto y me he quedado paralizado en medio de la enorme planta diáfana, entre docenas de mesas, observándola en el despacho acristalado del director general, su tío, charlando con displicencia como si no ocurriera nada.

Me ha interrumpido mi secretaria, segundo impacto de la mañana, para decirme que tenía visita. He ido a mi despacho y me he encontrado allí a Dolores, joder, la Dolores con la que mantuve una no-relación y que ahora no se parece a esa Dolores.

Dolores está más seria, más centrada, más donde yo quería que estuviese y nunca estuvo. Ha venido a decirme que se casa, una ceremonia sencilla, muy civil para no dar su brazo a torcer con lo de la libertad y esas tonterías suyas, pero ceremonia al fin y al cabo, que se casa con el jodido cubano que metió en mi casa y saqueó mi frigorífico el verano pasado. Yo le he deseado lo mejor y le he dicho que no hacía falta que me lo contara. Ha insistido en que quería que yo estuviera, que pensaba que así yo lo asimilaría mejor y que sería como un padre dando licencia a su hija para casarse. He insistido en que no, ella en que sí, le he explicado que no está bien que un ex-novio o ex-loquesea asista a la boda de su ex-algo y me ha dicho que uno no, que cinco, que casi todos sus ex-novios van a estar en la boda. Yo, al principio, me he quedado con la boca abierta. Luego, le he dicho una tontería como que qué tipo de boda íntima y sencilla iba a ser aquella, etcétera. Vamos, otra de mis formas de meter la pata.

Al final, se ha levantado, algo compungida, y me ha dicho que espera que asista.

La he acompañado hasta el ascensor, donde nos hemos quedado sin palabras para dar ese paso definitivo de separarnos para siempre. Cuando ha llegado el ascensor, con su cling clarísimo, me ha dicho algo parecido a Lo nuestro nunca iba a funcionar (creo, yo tenía los sentidos embotados) que ha acompañado con un suave beso en mis labios, otra forma de decirme adiós, justo en el momento en que llegaba Rosa Pastelito acompañada de su tío, mi jefe., y se nos ha quedado mirando con cara de carnicera psicópata. Dolores la ha visto y me ha mirado a mí, sin entender. Afortunadamente, mi jefe tampoco parecía entender nada, pero justo en ese momento, ha aparecido mi secretaria llamándome sin ningún recato: Tiene una llamada de Laura. ¿De quién? De.. su mujer, ha explicado mi secretaria, y todas las miradas se han centrado en mí, y no he sabido qué hacer, y me he metido en el ascensor, nadie me ha seguido, y he cerrado los ojos y se ha cerrado el ascensor, y no he parado hasta llegar a casa y meterme en la cama.

miércoles 1 de julio de 2009

En el calor de la noche

Tengo que hacerme más sociable. Acabo de descubrir las desventajas de no saber que existe una junta de vecinos y un presidente de la comunidad. Digo que acabo de descubrirlo porque, después de llegar a casa y descubrir que no funciona el aire acondicionado, he dado mil y una vueltas hasta encontrar a alguien que me explicara cómo arreglar un aparato que pertenece y funciona para toda la comunidad.

Resulta que yo no lo sabía y, después de dejar que me volviera loco una muchacha antisocial de Información Telefónica, de conseguir que viniera a las diez de la noche un técnico en aire acondicionado, va éste y me dice que no tengo aparato de aire acondicionado, que es un artilugio que funciona para todo el edificio y que me ponga en contacto con el presidente de la comunidad, que él sabrá quién hace el mantenimiento del edificio y que se pondrá en contacto con quien sea.

El presidente ha sido muy amable... cuando ha vuelto de cenar fuera a eso de la una de la mañana, y me ha explicado que el aire funciona bien en todas las plantas menos en la mía. Ha llamado a un teléfono de asistencia pero no pueden venir hasta mañana. Ojalá sea así.

Yo no puedo dormir. Son las dos y media y de la ciudad sube un calor insoportable. Creo. Quizás sea el calor que la ninfa me ha dejado acumulado en las entrañas y que se hace insoportable cuando me entra el sofoco de pensar que todo se ha jodido por culpa de una amiga psicópata de Lolo. Tengo que intentar que la ninfa me hable otra vez o pedirle perdón a Rosa Pastelito para que no vuelva o buscarme otra cosa en qué pensar o irme ya de vacaciones. El calor no me deja dormir ni me deja pensar otra cosa más que tonterías.

lunes 29 de junio de 2009

Vuelvo a ser Tarzán

He pasado un fin de semana horrible. Ana, mi vecinita ninfa guerrera, no contesta a la puerta ni al móvil. Sigue enfadada. Seguro. No todos los días prepara uno una cita y termina en combate de wrestling femenino o lucha grecorromana (ignoro la diferencia entre las reglas de estos dos deportes) y es normal que no me lo haya perdonado. Rosa Pastelito, por suerte, creo que tampoco volverá a hablarme.

Así que me he quedado en casa todo el fin de semana curándome las heridas, las de la autoestima y las de las uñas de estas dos gatas en celo, nunca mejor dicho. Tengo marcas en las manos, en los brazos y hasta debajo de la camisa, que ya es decir, quitando la hinchazón del ojo, que ya disminuye ostensiblemente.

Pensaba que no era gran cosa hasta que he llegado esta mañana al trabajo. El viernes no aparecí porque había pedido el día para llevar el coche a la ITV y relajarme el resto del día. Pero hoy, hoy ha sido terrible.

Primero, he notado que había gente que me miraba en el ascensor. No pensé que fuera a causa de las cicatrices de mis manos, pero cuando he llegado a la máquina de café, se ha hecho el silencio. Han mirado mis manos con la boca abierta, me he remangado, les he enseñado los brazos, la base del cuello, y he querido contarles mis penas, pero no me han dejado.

Han comenzado todos a aplaudir con un entusiasmo que casi me hace llorar.

Qué bien, Félix. Te lo merecías.

Vuelves a ser Tarzán.

¡La selva es tuya!

No, os confundís.

Pero qué tío, qué tío, estos arañazos te habrán costado horas.

Qué fiera.


He tardado en darme cuenta de que no me iban a dejar contar mi historia, que ellos preferían pensar que eran heridas "de guerra" porque, en el amor y en la guerra, las cicatrices y los arañazos se valoran como victorias. Vuelvo a ser un héroe. Da igual que esté solo de nuevo.

Los aplausos han continuado durante varios cafés, hasta que me he percatado de que Lolo no aplaudía, no sonreía. Estaba serio y cabizbajo. Me he acercado a él y ha vuelto la cara. Le he preguntado.

¿Que qué me pasa? Tío, Félix, los arañazos valen, pero ese moretón en el ojo. Joder, no creí que fueras tan pervertido...

Y se ha ido.

No me importa lo que piense, la verdad. Mientras no se entere de que he hecho enfadarse a la sobrina del director general.

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